
En la línea de producción de vidrio, el calor es el elemento clave. Si se permite que el perfil térmico varíe, se pagan las consecuencias en forma de desperdicios: fracturas por estrés durante el proceso de templado, adhesión deficiente durante el laminado, y defectos en el recubrimiento que solo se detectan posteriormente. Aquí es donde los calentadores infrarrojos de cerámica resultan útiles. Permiten un control preciso en aquellas zonas donde la convección no es suficiente.
Construimos estos emisores para trabajos reales con vidrio: elementos de cerámica con alta emisividad, respuesta rápida y un campo térmico estable y preciso. La energía infrarroja de onda corta penetra rápidamente en el vidrio, lo que permite alcanzar la temperatura deseada sin dañar su superficie. El resultado son ciclos de calentamiento más cortos, menos tiempo de permanencia en el horno y una temperatura más uniforme en toda la pieza de vidrio. Esa uniformidad reduce las tensiones térmicas y mantiene constante la calidad óptica, ya sea al doblar, templar o secar recubrimientos.
Lo simple es esto: se utiliza energía solo cuando es necesaria, en lugar de mantener el horno encendido todo el tiempo. Los datos de campo muestran reducciones típicas del 15-25% en el consumo de energía en comparación con las zonas donde predomina la convección. Además, nuestras unidades pueden funcionar más de 5,000 horas sin que disminuya su rendimiento en más del 5%. La productividad mejora porque el perfil térmico se mantiene constante de turno en turno, lo que reduce los rechazos debido a deformaciones o problemas de adhesión. También disminuyen los costos de mantenimiento: menos partes móviles, sin necesidad de ajustar quemadores, y un sistema de reemplazo modular que permite volver a poner en marcha la línea rápidamente.
La instalación es sencilla en la mayoría de las prensas, hornos y líneas de templado. Pero la alineación es crucial. La matriz de emisores debe coincidir con el camino seguido por el vidrio y con las distancias adecuadas; de lo contrario, se generarán sombras y manchas en la superficie del vidrio. Es necesario adaptar la tensión, la densidad de vatios y las dimensiones a las características de la máquina, además de asegurarse de que haya una alimentación eléctrica estable para evitar problemas al iniciar la operación. Se debe tratar la carcasa de cuarzo o cerámica como una superficie caliente; por lo tanto, los dispositivos de protección e interbloqueo son indispensables.
Es importante adaptar la estrategia de control al proceso. Los perfiles de calentamiento y tiempo de permanencia en el horno, controlados por sensores de temperatura, permiten mantener el calor en el lugar correcto y al vidrio en la posición adecuada.